Narra: AmeliaEl reflejo del lago Lemán a través de los inmensos ventanales de la suite presidencial del Hotel des Bergues parecía una mancha de tinta china extendiéndose bajo la penumbra de la tarde ginebrina. La llovizna helada seguía golpeando los cristales con un siseo rítmico, constante y adictivo, aislando el interior del ático del resto del mundo como si el tiempo se hubiera congelado a las afueras de Suiza. Dentro, el lujo era silencioso, opulento, casi sagrado: molduras de pan de oro, alfombras de seda que amortiguaban cualquier indicio de movimiento y el aroma denso a madera de sándalo flotando en el aire acondicionado.Me quité la chaqueta del traje sastre negro, dejándola caer sobre el sofá de terciopelo azul sin mirar dónde aterrizaba. Mis hombros, rígidos por las horas de careo directo en la clínica Montbrillant, cedieron sutilmente ante el calor de la chimenea que parpadeaba en una esquina del salón.Sentía las yemas de mis dedos entumecidas. En la pantalla de mi termina
Leer más