Doce años después.Era una mañana de domingo cuando Luna, ya con 19 años, bajó las escaleras de la casa con una carta en la mano. Tenía los ojos rojos y temblaba ligeramente.Encontró a su padre en la cocina, preparando el desayuno.—Papá… —dijo con voz quebrada.Mateo se giró y al ver su expresión, dejó todo de inmediato.—¿Qué pasó?Luna le extendió la carta.—La encontré debajo de mi puerta esta mañana. No tiene remitente… pero es de ella.Mateo sintió que el corazón se le detenía por un segundo.—¿De quién?—De Valeria.Tomó la carta con manos temblorosas. El papel era antiguo, amarillento, y la letra era inconfundible. Era la misma letra de las notas que Valeria le dejaba en la biblioteca años atrás.La abrió y leyó en silencio:“Querida Luna,Si estás leyendo esto, significa que ya eres casi una mujer. Quiero que sepas que te he estado viendo crecer. Cada vez que entras a la biblioteca, cada vez que lees uno de mis libros favoritos, yo estoy ahí.No tengas miedo de irte a estudi
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