MICHAELEl viaje a casa de mis padres es silencioso, ya que estoy perdido en mis pensamientos. Ha pasado una eternidad desde la última vez que los vi tras perder la memoria; sin embargo, hoy necesito a mi madre.Las luces de la ciudad se desdibujan por la ventana mientras mi mente repasa cada escenario, cada error que he cometido en los últimos años. Para cuando el coche se detiene frente a la familiar mansión, tengo el pecho oprimido y la mandíbula tensa. Salgo, alisando mi chaqueta, pero de nada sirve intentar alisar mis pensamientos caóticos. Collins se queda unos pasos atrás: silencioso, atento y vigilante.Respiro hondo y llamo a la puerta. Esta se abre prácticamente al instante.—¿Michael? —La voz de mi madre está teñida de asombro y preocupación. Está hermosa, como siempre, con su cabello pelirrojo perfectamente peinado, pero hay fatiga alrededor de sus ojos.Entro y Collins se desvanece a mis espaldas.—Mamá —digo, esforzándome por mantener la calma—. Necesitamos hablar.Ella
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