ALIANAKing odia las mañanas.Corrección: King odia cualquier cosa que signifique cambio.Lo sé porque en el momento en que le digo que vamos a su nueva escuela, deja de masticar su cereal y me mira como si lo hubiera traicionado personalmente.—No —dice.Me mira fijamente a los ojos y lo dice como si fuera mi jefe.Bebo mi café lentamente, observándolo sobre el borde de la taza. —Buenos días para ti también, cariño.Él añade, cruzándose de brazos: —No quiero una escuela nueva, mami; quiero mi escuela vieja."Escuela vieja" significa tutores privados, horarios flexibles, el edificio donde todos ya lo conocían como "ese niño", el que tiene demasiados guardias y un temperamento que estalla como una cerilla.Me pongo de rodillas frente a él. —Bebé, ya hablamos de esto.Él aparta la mirada. Su mandíbula se tensa. Lo veo: la forma en que guarda su ira dentro hasta que se desborda. Sacó eso de mí. O de él. O de ambos.—Harás amigos —digo suavemente—. Te gustará.Él no responde. Estiro la ma
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