**ELENA**El asistente inclinó la cabeza y se retiró con parsimonia, dejando la estancia sumida en un silencio expectante. El fuego de la chimenea crepitaba con un ritmo metálico, como si acompañara la tensión que se avecinaba.Damián apareció minutos después, con su silueta inmensa recortada contra la luz azul del pasillo. Se detuvo en el umbral, observándome con esa fijeza oscura que siempre me desarmaba.—¿Auditoría privada? —gruñó, con un murmullo cargado de ironía—. ¿Ahora también quieres revisar mis fantasmas, Elena?—No tus fantasmas —le respondí, avanzando hacia él con zancadas firmes—. Quiero revisar las cadenas que aún atan mi apellido a tus balances. Si vamos a gobernar juntos, necesito que esa agenda de cuero negro deje de ser un recordatorio de mi deuda.Damián apretó la mandíbula, atrapándome por la nuca con una presión exacta.—Si tocas esa agenda, tocas el hierro de mi corona.—Entonces déjame tocarlo —susurré, con una sonrisa peligrosa—. Porque tu corona ya no se sost
Leer más