**ELENA**
Escuché las zancadas felinas de Damián antes de que su silueta inmensa bloqueara la luz del ventanal. Entró al comedor despojándose del chaleco oscuro, con la camisa de lino gris perla arrugada y el aroma denso a sándalo mezclado con el olor a tierra mojada de las bodegas. Su personalidad inquebrantable seguía intacta ante los ojos de los capataces, pero en cuanto se quedó a solas conmigo, vi en sus pupilas oscuras esa torpeza hermosa que se había convertido en el motor de mi sumisión