**ELENA**
El asistente inclinó la cabeza y se retiró con parsimonia, dejando la estancia sumida en un silencio expectante. El fuego de la chimenea crepitaba con un ritmo metálico, como si acompañara la tensión que se avecinaba.
Damián apareció minutos después, con su silueta inmensa recortada contra la luz azul del pasillo. Se detuvo en el umbral, observándome con esa fijeza oscura que siempre me desarmaba.
—¿Auditoría privada? —gruñó, con un murmullo cargado de ironía—. ¿Ahora también quieres