El último amanecer en el retiro derramó oro sobre los tranquilos terrenos, tocando los bordes de las cabañas y colándose en las esquinas donde perduraban los recuerdos. Era la mañana que todos habían medio temido y medio anticipado: el regreso al mundo real.En el desayuno, los facilitadores devolvieron los teléfonos de todos, cuidadosamente etiquetados y con la carga completa.En el momento en que Katherine sostuvo el suyo, lo sintió extraño en su mano, como si sostuviera una pieza de su antigua vida que ya no encajaba del todo. Las notificaciones entraron en tropel: correos electrónicos, mensajes de texto, llamadas perdidas. Pero, por ahora, las descartó con un deslizamiento y guardó el teléfono en su bolso.Kingsley ya estaba en una llamada. —Sí, Elijah, soy yo. Regreso hoy. ¿Puedes reservarme un vuelo a Manhattan para esta tarde? Te enviaré las coordenadas del retiro para que mandes a un chofer. Gracias, amigo.Terminó la llamada y miró a Katherine. —Mi asistente se está encargand
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