El último amanecer en el retiro derramó oro sobre los tranquilos terrenos, tocando los bordes de las cabañas y colándose en las esquinas donde perduraban los recuerdos. Era la mañana que todos habían medio temido y medio anticipado: el regreso al mundo real.
En el desayuno, los facilitadores devolvieron los teléfonos de todos, cuidadosamente etiquetados y con la carga completa.
En el momento en que Katherine sostuvo el suyo, lo sintió extraño en su mano, como si sostuviera una pieza de su antig