Mi nombre es Thomas Hoffman. Durante veinte años, ese nombre ha sido mi mayor orgullo y, al mismo tiempo, mi cadena más pesada. Crecí escuchando que el mundo era nuestro, pero también que debíamos cuidarnos de cada sombra. Mis padres, Elena y Julián, hicieron un trabajo increíble limpiando el pasado. Para el resto del mundo, somos la familia perfecta que salvó un imperio. Para mí, somos sobrevivientes que todavía duermen con un ojo abierto.Hoy cumplo veinte años. No hubo una fiesta gigante con prensa. Mi madre sabe que odio eso. Hubo una cena tranquila en el ático, el mismo lugar donde ella me acunó cuando era un bebé. Mi padre, Julián, sigue siendo un hombre de pocas palabras, pero su mirada de orgullo hacia mí es algo que me da fuerza. Él me enseñó a pelear, a defenderme y a nunca confiar en las apariencias. Mi madre me enseñó a pensar, a leer a las personas y a usar la inteligencia como el arma más letal.Pero yo no soy como ellos. O al menos, eso intento decirme a mí mismo. Mient
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