–¡Basta de decir estupideces y de defender al hombre que nos ha destruido la tranquilidad, madre, te prometo por mi vida que te sacaré de allí sin importar lo que tenga que hacer en la oficina contable, adiós! –dice Valeria cortando la llamada de forma abrupta, arrojando el celular encriptado sobre la cama matrimonial mientras una determinación ciega y cargada de resentimiento sella su próximo movimiento dentro de la propiedad de los Volkov.Sin pensarlo dos veces y sintiendo que la furia le quema las venas, Valeria abre la puerta de la habitación, la cual ha sido destrabada previamente por los custodios del pasillo siguiendo las directivas del jefe, y camina con pasos firmes e implacables a lo largo del corredor de mármol hasta llegar al despacho principal de la mansión, empujando la pesada hoja de madera con una violencia inusitada para encerrarse en el sector privado junto a Adrián, quien se encuentra sentado detrás de su escritorio de caoba revisando unos balances de importación
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