Tras la cena donde Magnus había soltado la bomba del testamento y la sentencia de muerte implícita, Alexander se había refugiado en su santuario personal, un estudio acorazado en el ala oeste, donde el aire estaba filtrado y el silencio era absoluto.Sin embargo, por dentro, Alex era un caos de cables pelados y cortocircuitos emocionales dentro de su pecho.Se sentó frente a una estación de trabajo que no figuraba en ningún inventario de la empresa. No había aquí logotipos de Miller Global, solo hardware ensamblado por él mismo, diseñado para una sola cosa, la guerra digital que ya venía trabajando de forma planeada y estratégica de a poco, sabiendo que algo podría pasar… y pronto.Sus dedos, largos y precisos, comenzaron a volar sobre el teclado mecánico. El sonido rítmico de las teclas era lo único que lo mantenía anclado a la tierra. El plan era de una complejidad quirúrgica.No bastaba con alterar un resultado de ADN en el futuro, Magnus era un hombre de detalles, un paranoico que
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