Yo me haré cargo —sentenció Anna sin pensarlo, con una firmeza que no dejaba espacio a discusión alguna. Sus ojos, cargados de una determinación maternal, desafiaban cualquier intento de réplica. Sin embargo, Alexander no tardó en intervenir. —Señora Anna, si me lo permite… entiendo perfectamente que usted es su madre —comenzó él, utilizando un tono respetuoso pero inquebrantable—. Pero en este momento, Kate necesita los mejores cuidados posibles, y yo estoy en posición de garantizarlos. Alexander hablaba con una calma medida, aunque su voz dejaba entrever una voluntad de acero. Se dirigió a Anna con cortesía, reconociendo el lugar sagrado que ella ocupaba en la vida de su hija, pero sin ceder ni un milímetro en su postura. Hizo una breve pausa, midiendo el peso de cada palabra antes de continuar. —Si yo me hago cargo de ella, como su esposo, tendrá a su disposición todo lo necesario: atención médica de primer nivel, enfermeros privados, servidumbre a su completa disposición…
Leer más