Capítulo 42: Confrontación.
La sala de espera quedó suspendida en un silencio tenso, casi irreal, como si el aire mismo dudara en moverse por temor a romper la fragilidad del momento. Las paredes blancas de la clínica parecían cerrarse sobre ellas, devolviendo el eco de una confrontación que llevaba gestándose décadas.
Los ojos de Anna permanecieron fijos en Mariana, no con la dureza de un juez, sino con una claridad inquietante y devastadora. Era como si, por fin, estuviera viendo a su hija sin el filtro empañado del a