Kate lo abrazó, cruzando los brazos suavemente sobre su cuello. Marcos no se apartó; al contrario, inclinó un poco la cabeza hacia atrás, dejándose sostener por un instante.El silencio volvió a la sala. Esta vez, era más estable.Fuera, la noche avanzaba sin prisa. Dentro, el tiempo parecía haberse detenido en el sofá, entre la luz tenue y el calor de ambos cuerpos, acurrucados en una calma frágil, suspendida entre lo que ya había ocurrido y lo que aún estaba por venir.Y así, sin más palabras, la noche terminó de pasar lentamente sobre ellos.A la mañana siguiente, muy temprano, Marcos tomó su teléfono, deslizó la pantalla y, sin pensarlo demasiado, llamó a un conocido experto en informática.—Henry, soy Marcos. Necesito un favor tuyo. Es algo urgente y muy importante.—Necesito que hoy mismo me ayudes a revisar las computadoras de la empresa.Al otro lado de la línea, Henry respondió tras una breve pausa:—Señor Marcos, ¿qué es exactamente lo que quiere descubrir?—Necesito encontr
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