En la siguiente visita, Claire llevaba el hábito puesto, pero había dejado desabrochado el botón superior de la blusa que llevaba debajo: una pequeña rebelión que nadie más notaría.Marcus lo notó al instante. Su mirada bajó hasta la fina franja de piel pálida en su garganta.—Qué valiente, mi niña —la alabó—. Acércate más.Ella obedeció. La mesa los separaba, pero cuando se sentó, él se inclinó hasta que Claire pudo olerlo: jabón, almizcle y algo salvaje.—Tócate para mí —susurró—. Aquí mismo. Mete la mano bajo el hábito y frota ese clítoris necesitado mientras yo miro.A Claire se le cortó la respiración.—El guardia…—No volverá en veinte minutos. Me aseguré de eso.Su mano tembló al desaparecer bajo la tela negra. Ya estaba empapada. En cuanto sus dedos rozaron los pliegues hinchados, un suave gemido escapó de sus labios.Los ojos de Marcus ardieron.—Buena chica. Haz círculos despacio. Imagina que es mi lengua. Imagina que te abro esas piernas vírgenes y lamo hasta la última gota
Leer más