Claire obedeció, separando más los pies y con la tela recogida en la cintura. Su coño suave y rosado quedó completamente expuesto: los labios hinchados brillaban, el clítoris asomaba y un fino hilo de excitación ya goteaba hacia su muslo.
La polla de Marcus presionaba visiblemente contra la tela naranja.
—Tan jodidamente perfecta. Rosa e intacta. Apuesto a que nunca ha sentido la lengua de un hombre de verdad.
Su voz bajó hasta convertirse en un gruñido.
—Tócate. Abre esos labios para mí. Muést