VivianEl sonido de la puerta de la habitación cerrándose detrás de Vivian resonó como la tapa de un ataúd, sepultando un mundo de posibilidades no dichas. Se detuvo un momento en el pasillo, con la espalda apoyada contra la madera fría, las piernas temblorosas. El aire del hospital, antes simplemente antiséptico, ahora parecía cargado de los fantasmas de las palabras de Eduardo, flotando a su alrededor como una niebla espesa e ineludible.“Te amo, Vivian. Siempre te he amado.”La frase giraba en su mente, como una aguja sobre un disco desgastado, marcando el mismo surco una y otra vez. Cada repetición traía consigo un nuevo recuerdo, un nuevo fragmento de dolor o de belleza, todos igualmente devastadores.Comenzó a caminar, sus pasos resonando en el pasillo vacío y silencioso. Las luces fluorescentes zumbaban suavemente, una banda sonora inquietante para el torbellino interior.Sintió el eco de aquel deseo antiguo, una brasa dormida que ahora amenazaba con encenderse de nuevo.La raz
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