Doce años antes…VivianEduardo seguía frío.Frío y distante, como si todo lo que hubiera pasado entre ellos no fuera más que una ilusión de su mente. A veces, Vivian se sorprendía preguntándose si él realmente existía — si aquel chico que había arriesgado su propia vida por ella el invierno pasado era el mismo que ahora apenas la miraba en el pasillo.El chico que, por un breve instante, había dejado el corazón al descubierto, parecía haber desaparecido. En su lugar, quedaba un Eduardo aún más cerrado, rodeado de chicas, risas vacías y miradas desafiantes.Durante meses, ella intentó acercarse. Intentó hablar, entender. Le enviaba mensajes que él no respondía, lo esperaba en los pasillos, sonreía cuando lo veía.Él respondía con un gesto distraído — a veces con una mirada que parecía pedir disculpas, otras con una indiferencia calculada.Aun así, su corazón insistía en latir más fuerte cada vez que lo veía.— Tienes que seguir adelante, Vivian — decía Alice, su mejor amiga, con un
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