La nieve caía con fuerza sobre las montañas suizas, cubriendo el paisaje de un manto blanco que debería haber sido hermoso, pero para Lia solo representaba aislamiento.Habían pasado casi un mes en la casa segura y la tensión no disminuía. Mateo, con casi seis meses, gateaba por todas partes, reía cuando veía la nieve a través de la ventana y lloraba cuando Lia lo alejaba de ella por miedo.Esa mañana, mientras intentaba darle el desayuno, Mateo extendió las manitas hacia la ventana, queriendo tocar el vidrio frío. Lia lo tomó rápidamente en brazos, con el corazón acelerado.—No, mi amor. No te acerques a la ventana.Mateo protestó con un llanto fuerte, frustrado. Lia sintió que las lágrimas le subían a los ojos. Se sentó en el suelo de la cocina y lo abrazó contra su pecho, meciéndolo mientras lloraba con él.Alejandro entró en ese momento y vio la escena. Se arrodilló frente a ellos y tomó a Mateo con cuidado, pero Lia no lo soltó inmediatamente.—Lia… —su voz era suave pero preocup
Leer más