Elena no respiró, sus ojos recorrían al hombre guapo y desconocido. El frío del arma contra su pecho… la tenía completamente inmóvil, pero sus ojos… no podían apartarse de él. Era un contraste de dulce y ese olor a perfume que la confundía. Los ojos de ese hombre se concentraban en las mejillas de Elena y esa mirada entre apúrate y te espero. —Apúrate —repitió él, más bajo, más peligroso—. Es el vestido… o tu vida.Elena tragó saliva, sus manos temblaron, su corazón latiendo a mil por hora. Lentamente… demasiado lento para alguien que tenía un arma apuntándole… sus dedos subieron hacia el cierre del vestido.Pero algo no encajaba, no era solo miedo, era otra cosa, esa forma sensual, de aquellas que te comen con la mirada en la que él la miraba…No era la de alguien que iba a disparar, era… intensa, demasiada excitante para Elena. Como si cada segundo… la estuviera leyendo.—No hay tiempo —murmuró de pronto, girando la cabeza hacia la puerta—. Me van a encontrar, se me hace que es
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