Las miradas se cruzaron, nerviosas, y confundidas. —Señor… ella subió hace un rato —Pero él no escuchó el resto.Ya iba hacia el ascensor, los números subían, lentos.Su pie golpeaba el suelo con impaciencia.Hasta que— Ding.Las puertas se abrieron, y Adrián salió, caminando rápido.Abriendo puertas, Una tras otra.—¡Elena!—¡Elena!Nada.Solo silencio.Su respiración empezó a volverse más estresadaHasta que— La última puerta.Mano en la perilla, la giró, entró, y ahí estaba Elena viéndose el vestido de boda. Elena… —dijo él.Adrián no dudó, se lanzó hacia ella, la tomó, y ella cayo en la cama, sus cuerpos se tocaron de forma brusca.—¿Qué demonios haces? —su voz salió baja, pero cargada—. ¡Medio mundo te estuvo buscando!Su mirada recorrió su rostro, como asegurándose de que era ella.—¿Dónde estabas?Elena Lo miró, fijo.—Adrián… —dijo con calma—. Primero es de la suerte ver a la señorita con el vestido de boda, ¿Te sorprende verme en el lugar donde me citaste tú mismo?Eso lo d
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