Las miradas se cruzaron, nerviosas, y confundidas.
—Señor… ella subió hace un rato —Pero él no escuchó el resto.
Ya iba hacia el ascensor, los números subían, lentos.
Su pie golpeaba el suelo con impaciencia.
Hasta que— Ding.
Las puertas se abrieron, y Adrián salió, caminando rápido.
Abriendo puertas, Una tras otra.
—¡Elena!
—¡Elena!
Nada.
Solo silencio.
Su respiración empezó a volverse más estresada
Hasta que— La última puerta.
Mano en la perilla, la giró, entró, y ahí estaba Elena viéndose e