Mundo ficciónIniciar sesiónElena no respiró, sus ojos recorrían al hombre guapo y desconocido.
El frío del arma contra su pecho… la tenía completamente inmóvil, pero sus ojos… no podían apartarse de él. Era un contraste de dulce y ese olor a perfume que la confundía.
Los ojos de ese hombre se concentraban en las mejillas de Elena y esa mirada entre apúrate y te espero.
—Apúrate —repitió él, más bajo, más peligroso—. Es el vestido… o tu vida.
Elena tragó saliva, sus manos temblaron, su corazón latiendo a mil por hora.
Lentamente… demasiado lento para alguien que tenía un arma apuntándole… sus dedos subieron hacia el cierre del vestido.
Pero algo no encajaba, no era solo miedo, era otra cosa, esa forma sensual, de aquellas que te comen con la mirada en la que él la miraba…
No era la de alguien que iba a disparar, era… intensa, demasiada excitante para Elena.
Como si cada segundo… la estuviera leyendo.
—No hay tiempo —murmuró de pronto, girando la cabeza hacia la puerta—. Me van a encontrar, se me hace que están abriendo todas las puertas apunta de pistola.
Elena se tensó.
—¿Qué…?
—Guarda silencio —ordenó él, cortándola—. Y confía en mí.
Antes de que pudiera reaccionar— él arrancó la sábana de la cama, apago la luz ya que esos cuartos son especiales y oscuros que sin luz no se puede ver y la lanzó sobre ambos. Cubriéndolos por completo
Oscuridad, cercanía, demasiada cercanía que hacia que el cuerpo de Elena reaccionara ante cualquier toque.
El cuerpo de él quedó prácticamente sobre el de ella, pero sin aplastarla.
Solo lo suficiente para ocultarla, solo para ocultarlos.
Elena dejó de respirar, literalmente, podía sentirlo, su delicioso calor, su respiración.
El leve roce de su pecho contra el suyo… a través de la tela, y sus ojos…aun en la oscuridad, ella los sentía, figados en su rostro. Bajando, deteniéndose en sus labios, como si… no pudiera dejar de mirarlos.
Elena cerró los ojos un segundo, Intentando controlarse, pero su corazón, No obedecía.
De pronto pasos, voces.
La puerta abriéndose de golpe.
—Aquí no hay nadie.
—Revisa bien.
—Te digo que huyó… me las va a pagar.
Elena sintió cómo el cuerpo del hombre se tensaba apenas, pero no se movió, no hizo ningún sonido. Solo… permaneció ahí, encima de ella, cubriéndola, protegiéndola.
El silencio regresó, la puerta se cerró, los pasos se alejaron, Y entonces…nada. solo respiraciones, cercanas.
Pasaron unos segundos más, Y finalmente… Él se apartó, la sábana cayó, la luz volvió.
Elena parpadeó, desorientada.
Él ya estaba de pie, como si nada hubiera pasado, como si no hubiera estado a centímetros de ella, como si no la hubiera mirado de esa forma.
Se acerco un poco a Elena, como si nada y listo para irse, pero como hay que ser educado él le dijo —Gracias por salvar mi vida —le dijo dándole un beso en la mejilla como agradecimiento, los ojos de Elena se abrieron más y sus mejillas se sonrosaron.
Él se giró ya para irse cuando escucho la voz de ella.
—Espera —su voz salió antes de que pudiera detener esa lengua.
Él se detuvo.Pero no volteó.
—¿Me vas a dejar aquí… sola? —añadió, incorporándose lentamente—. ¿Por qué te vas?
Silencio por tres segundos.
Y entonces… Él giró. sus ojos volvieron a ella, más intensos, más… curiosos.
—¿Te das cuenta de lo que me estás pidiendo, señorita?
Elena lo miró, y por primera vez…no pensó, no analizó, no midió consecuencias. solo habló.
—Ayúdame… a practicar el beso.
El silencio hizo que él se volviera un poco mas curioso de lo normal.
Él arqueó una ceja.
—¿Qué cosa?
Una leve sonrisa apareció en su rostro.
—¿Mi arma te dejó en shock o qué?
Pero Elena no sonrió, no reaccionó, solo lo miró, afectada y confundida, por un sentimiento mezclado.
Como si todo su mundo… estuviera fuera de lugar.
—No sé cómo besar a un hombre —dijo finalmente, en voz baja—. Y… quiero que seas el primero.
Eso lo detuvo, de verdad, su expresión cambió, no completamente, pero lo suficiente para perder un poco el control con ella.
—Está bien… —murmuró al final—. Solo porque me salvaste de esos tipos.
Dio un paso hacia ella, Lento.
—Seguiste mis reglas —Otro paso.—Nadie salió muerto.
Se detuvo frente a la cama, frente a ella y coquetamente le dice —Felicidades —
Elena no retrocedió, no esta vez.
—Bésame —dijo directo, sin temblar.
Él soltó una risa baja, casi inaudible.
—Como órdenes bella mujer.
Y entonces… La empujó suavemente hacia la cama, no con violencia, pero sí con decisión.
Elena cayó sobre el colchón, su respiración se aceleró, y antes de que pudiera pensar—
Él se inclinó, sus labios encontraron los de ella, y esta vez…fue distinto, no brusco, no como Adrián.
El beso de él fue lento, controlado, pero intenso.
Como si supiera exactamente lo que hacía.
Como si cada movimiento… estuviera medido.
Sus manos no invadieron, no la forzaron, pero sí la sostuvieron, guiándola, enseñándole.
Elena se quedó quieta al inicio.
Pero poco a poco… Sin darse cuenta… Respondió, torpe, insegura, pero real, Y eso…le gustó, más de lo que estaba dispuesta a aceptar.
Cuando el beso terminó… El aire entre ellos cambió, completamente, y nada… Volvió a sentirse igual.
El aire entre ellos no volvió a la normalidad, se quedó… suspendido…que Elena no sabía nombrar.
Él no se apartó de inmediato. Al contrario le gusto, sabia que Elena era vulnerable.
Seguía ahí, tratando de entenderla demasiado cerca, para que ella pueda entender la magnitud de lo que él está pensando, Observándola, como si estuviera esperando algo más.
Como si ese beso… no hubiera sido suficiente.
—No me digas… —murmuró él, con una media sonrisa apenas visible— que ahora quieres que te enseñe de sexo.
La pregunta cayó directa como un balde de agua.
Él es un hombre sin rodeos, provocadora.
Elena parpadeó, varias veces y miro los ojos de él.
Su mente tardó en reaccionar, pero cuando lo hizo… Negó, ligeramente.
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