Elena no se apartó de Adrián de inmediato.
Su pulso seguía acelerado confundida, pero su rostro… impecable.
—Nada, señora… —dijo con una suavidad que no coincidía con lo que acababa de pasar—. Solo practicábamos un beso, para calmar las aguas.
Hubo un pequeño silencio., pero suficiente para que varias miradas se afilaran.
La madre de Adrián no sonrió. Solo evaluó y luego dijo.
—Los invitados preguntan por ustedes —respondió, con elegancia helada—. Será mejor que se apuren… los paparazzis quie