A la mañana siguiente.El sol entró por la habitación, como si nada pasara para una noche que ninguno de los dos quiso admitir.Elena abrió los ojos lentamente, desubicada por un segundo… hasta que recordó.La cama, la línea de almohadas, el matrimonio.Giró apenas la cabeza, las almohadas seguían en su sitio, pero él… no.Su lado de la cama estaba vacío, como si nunca hubiera estado ahí.Elena se incorporó despacio, apretando la sábana contra su cuerpo.Algo en su pecho se estrujo, y eso se llama Molestia, ella no sabía por qué.—Perfecto —murmuró—. Mejor así. Sus ojos desviaron al pequeño papel de la mesa, y ella lo leyó. —Geneal ahora resulta que tengo que bajar gradas y buscar el rotulo de típicos, que espanto —se dijo en sus adentros. Elena se bañó, se maquillo y se puso ropa elegante, un hermoso chor con una camisa crop top. Mientras ella bajaba las gradas del hotel se encontró con un aroma delicioso y era nada menos que el desayuno.La mesa estaba puesta, dos tazas, dos plat
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