Clary se despertó antes de que llamaran a la puerta.La primera sensación fue extraña: una mezcla de nervios, anticipación y esa clase de emoción que una mujer intenta disimular incluso ante sí misma porque, en cuanto la nombra, ya parece demasiado obvia.Mañana, cuando salgamos al centro.La frase de Jack había dormido con ella. O, más bien, la había acompañado durante una noche en la que el sueño fue ligero y lleno de imágenes confusas: la ciudad, el jardín, su mano entrelazada con la de él, la promesa apenas insinuada de algo que no querían nombrar todavía.Se sentó en la cama despacio y se quedó mirando la luz limpia entrando por la ventana.No era una cita.Se repitió eso al menos tres veces antes de que Elise apareciera con el desayuno.No era una cita.Era una salida breve al centro. Una necesidad práctica. Una manera de que eligiera algunas cosas para sí misma sin seguir sintiéndose una visitante vestida por otros. Y, además, no tenía nada de especial que el hombre más complej
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