Diez minutos después, Elise apareció con una expresión serena y dos mujeres del servicio detrás.
Clary ya había vuelto a su habitación y se encontraba de pie en medio de ella, mirando con una mezcla extraña de pudor y desorientación lo poco que realmente tenía allí. Un par de blusas prestadas. Dos faldas. Un camisón. La bata marfil. Algunas prendas dobladas en cajones que ni siquiera había sentido todavía como propias. Y nada más.
No era una vida.
Era una pausa.
—No es mucho —murmuró, más para