Clary intentó concentrarse el resto de la mañana.
De verdad lo intentó.
Tenía sobres por ordenar, inventarios por revisar y una lista interminable de pequeñas tareas domésticas que, en cualquier otro momento, le habrían servido para poner en orden la cabeza. Pero esta vez no funcionó. Cada vez que bajaba la vista a una columna de números o a una anotación de compras, volvía a oír la voz de Jack en el salón de música.
No lamento eso.
La frase seguía dentro de ella como una brasa pequeña, constan