MARIOEstaba sentado en el coche con los brazos apoyados en el regazo, la mirada fija en la imponente mansión que tenía delante, mientras una tormenta silenciosa se gestaba en mi interior. Las altas puertas, los guardias y el exterior reluciente hablaban de poder y riqueza, pero para mí, no eran más que un recordatorio de todo lo que me habían arrebatado años atrás.Tomás mantenía ambas manos en el volante, pero por la ligera tensión en sus hombros, supe que también observaba la mansión con atención, esperando mi siguiente movimiento.«Jefe, he oído algo sobre Elton y Amelia últimamente, y creo que debería saberlo antes de que actuemos», dijo tras un instante.No giré la cabeza, pero entrecerré los ojos mientras lo escuchaba, anticipando ya algo desagradable.«Dilo claro», respondí con un tono tranquilo pero firme, pues no tenía paciencia para la vacilación en un momento como este.—Estuvieron involucrados en un accidente de coche hace unos días —explicó Tomas, mirándome por el retrov
Leer más