MARIO
Estaba sentado en el coche con los brazos apoyados en el regazo, la mirada fija en la imponente mansión que tenía delante, mientras una tormenta silenciosa se gestaba en mi interior. Las altas puertas, los guardias y el exterior reluciente hablaban de poder y riqueza, pero para mí, no eran más que un recordatorio de todo lo que me habían arrebatado años atrás.
Tomás mantenía ambas manos en el volante, pero por la ligera tensión en sus hombros, supe que también observaba la mansión con ate