BARBARA
Acaricié suavemente el cabello de Sofía mientras estaba sentada frente a mí, con su pequeño cuerpo relajado, apoyada en mis rodillas frente al espejo. La habitación, de un suave color rosa, se sentía cálida y apacible, y por un instante, sentí que formaba parte de algo que nunca antes había experimentado.
—Sofía —dije en voz baja mientras le arreglaba con cuidado la cinta del cabello, con voz suave porque no quería romper ese momento de tranquilidad entre nosotras—. Si alguna vez… si de