TROY
Miré fijamente a mi padre, respirando hondo antes de decirlo, pues sabía que lo que iba a decir lo cambiaría todo entre nosotros. Mi expresión se mantuvo serena y controlada, pero en mi interior ya estaba pensando en cómo se desarrollaría la situación.
—Papá, tienes que escucharme con atención —dije con voz firme, sin apartar la vista de él—. Barbara no es una mujer cualquiera que traje a esta casa; es la hija de Mario.
En el instante en que pronuncié esas palabras, vi cómo se paralizaba p