SEBASTIÁN
En el instante en que la puerta se cerró tras Mario, un profundo silencio inundó la casa. Durante un buen rato, nadie se movió ni intentó hablar. Me quedé donde estaba, con la mirada fija en el espacio vacío donde él había estado hacía apenas unos segundos, mientras mi mente intentaba asimilar todo lo que acababa de suceder.
Lentamente giré la cabeza para mirar a mis padres, y verlos sentados allí, aún pálidos y conmocionados, me revolvió el pecho.
—¿Pueden explicarme qué está pasando