Nueve meses después de la boda, a las tres de la madrugada, Victoria entró en labor de parto en la misma habitación donde Isabella y Ethan habían muerto tomados de la mano. Las contracciones venían fuertes y seguidas. Marcus estaba pálido, sosteniendo su mano como si fuera lo único que lo mantenía de pie. Isabella, Elena y dos enfermeras privadas corrían de un lado a otro.—Respira, mi amor, respira —susurraba Marcus, repitiendo las palabras que su suegro le había enseñado esa misma tarde.Victoria apretaba los dientes, sudor en la frente.—No me digas que respire, Marcus Kane, que yo sé cómo respirar. ¡Dime que me amas aunque te odie en este momento!Marcus soltó una risa nerviosa y le besó la sien.—Te amo aunque me odies, aunque me maldigas, aunque me tires este jarrón a la cabeza. Te amo, Victoria.La tormenta de afuera era idéntica a la que había acompañado su promesa de elegir quedarse. Los truenos retumbaban y los relámpagos iluminaban la mansión cada pocos segundos.A las 4:17
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