CristianEl dolor me perforó el cráneo antes de que pudiera, siquiera, abrir los ojos. Era una pulsación violenta, rítmica y sorda, como si una cuchilla de hielo me atravesara de sien a sien, dictando los latidos de un corazón que se sentía extrañamente pesado. Gemí entre dientes, apretando la mandíbula hasta que me dolieron los músculos de la cara, mientras trataba de mover los brazos. Una pesadez de plomo, un letargo antinatural y pastoso, me dominaba el cuerpo por completo.Sentí una textura ajena contra mi piel: sábanas de seda egipcia, demasiado frías, demasiado perfumadas. Al intentar incorporarme, una ráfaga de aire helado me recorrió el torso, devolviéndome una lucidez brutal y espantosa.Estaba desnudo. Completamente desnudo bajo las mantas.Parpadeé con fuerza, obligando a mis ojos a enfocar el techo artesonado con molduras de oro de una habitación de hotel de altísima categoría. Un lugar que no era mi apartament
Leer más