Cristian
El dolor me perforó el cráneo antes de que pudiera, siquiera, abrir los ojos. Era una pulsación violenta, rítmica y sorda, como si una cuchilla de hielo me atravesara de sien a sien, dictando los latidos de un corazón que se sentía extrañamente pesado. Gemí entre dientes, apretando la mandíbula hasta que me dolieron los músculos de la cara, mientras trataba de mover los brazos. Una pesadez de plomo, un letargo antinatural y