Zamira
El aire de la Costa Azul francesa se colaba por el gran ventanal del balcón de la suite en Cannes, trayendo consigo el aroma a sal, azahar y una opulencia que me resultaba grotesca. Era un escenario idílico, el escondite perfecto diseñado para las fortunas más exigentes del mundo que buscaban desaparecer de las portadas de los diarios. El hotel era un santuario blindado de mármol blanco, orquídeas frescas y un silencio sepu