Romain mantuvo la mirada fija en la de su hermana, dejando que aquella última pregunta se asentara lentamente en su cabeza. No tenía prisa. Sabía que la duda era mucho más peligrosa que cualquier certeza y que, una vez sembrada, terminaría creciendo por sí sola. —Piénsalo con calma, Madeleine —dijo al cabo de unos segundos, bajando ligeramente la voz—. ¿Por qué un príncipe tendría que recurrir a torturar a un hombre para conseguir información? Madeleine permaneció inmóvil. La imagen de aquella grabación regresó a su mente sin que pudiera evitarlo. Recordó el estado en que se encontraba aquel hombre, la frialdad con la que Fabien le hacía daño, cortándole los dedos, golpeándolo... y la tranquilidad con la que había reproducido aquel video delante de ella, sin importarle nada. Sintió un escalofrío recorrerle la columna. Romain percibió la vacilación y decidió seguir presionando. —Cuando los Lacroix asesinaron al Gran Duque y al heredero al trono del ducado, nuestro tío, comenz
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