Madeleine terminó de acomodar las últimas pertenencias dentro de la única maleta que había llevado consigo desde Córcega y cerró la cremallera de un tirón. No había necesitado desempacar demasiado durante su estancia en Luxemburgo. Ni siquiera había tenido intención de quedarse tantos días. Había regresado a la casa de su familia buscando una respuesta que esperaba encontrar con facilidad y ahora se marchaba con más preguntas de las que tenía cuando llegó. Se quedó unos segundos frente a la cama, contemplando la maleta cerrada mientras sus dedos se movían casi inconscientemente hacia el collar que descansaba sobre su pecho. La piedra roja quedó atrapada entre sus dedos y las palabras de Claudine volvieron a resonar en su cabeza. «Eres una Le Roy.» Su madre había insistido tanto en ello que debería haber bastado para devolverle la seguridad que necesitaba, pero no lo había conseguido. Fabien decía una cosa. Su familia aseguraba otra. Y Madeleine sentía que cuanto más intentaba des
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