79. Dudas I
Ana Paula LagoPor la mañana todo fue un caos. Nos despertamos tarde, y entre la prisa y el cansancio de la noche anterior, apenas alcanzamos a organizarnos. Arturo, en cambio, parecía tener energía de sobra. Estaba de un humor tan radiante que hasta me irritaba un poco… aunque no podía negar que verlo así también me encantaba.¿De dónde sacaba tanta energía? Definitivamente Arturo era puro fuego —pensé, medio riéndome.Mientras me peinaba frente al espejo, él salió del baño con una toalla enredada a la cintura, dejando al descubierto ese cuerpo que tanto me gustaba. Giré la cabeza solo un poco, pero mis ojos se quedaron enganchados en él. Era un hombre muy apuesto: alto, con un cuerpo firme, musculoso sin caer en los excesos, exactamente como a mí me gustaba. No era un obsesionado del gimnasio; simplemente se cuidaba, sobre todo con la alimentación. Y se notaba. Por eso me gustaba tanto sentirme entre sus brazos; eran un refugio firme, cálido… mío.Él notó que lo observaba y me rega
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