Debe haber sentido el cambio en mi actitud, debe haber leído mis pensamientos en mi cara, porque un segundo después de que me quede congelada, se pone de pie tirando de mí con él y vuelve a besarme con la misma urgencia de antes, a pesar de mi respuesta apagada.—Quiero que te des la vuelta —susurra contra mis labios— y te inclines.Toma mi pausa como una oportunidad para pasar la mano por mi pecho, mi estómago; mi cuerpo traiciona a mi cerebro y se estremece bajo su toque, su palma dejando un rastro caliente a su paso. Cuando llega a mis caderas, me gira y, en mi shock, no tengo la capacidad mental para resistirme.Sus manos suben por mi espalda hasta mis hombros, apartándome el pelo del camino y besando mi piel. Besos pequeños y delicados que recorren mi hombro, suben por mi cuello y, cuando ve que inclino ligeramente la cabeza dándole más acceso, sonríe para sí mismo y empieza a guiarme hacia abajo.A pesar de mi determinación por resistirme y salir corriendo, mi cuerpo se derrite
Leer más