A la mañana siguiente, David está otra vez en la cocina cuando entro. Me entrega un café, me dice que tengo veinte minutos para prepararme para ir al trabajo.
Luego me besa.
Lento, sensual, demasiado abrumador para las siete de la mañana. El tipo de beso que me marearía y, si hubiera estado más despierta, el tipo de beso que me habría hecho llegar tarde al trabajo.
Sale de la cocina antes de que mi cerebro le diga a mi cuerpo que se mueva, dejándome congelada en el sitio, agarrando fuerte la ta