No consigo relajarme ni un segundo desde que vuelvo al apartamento de David. Lo intento, pero nada funciona.
Me doy un baño, bebo vino y veo un documental sobre asesinos en serie. Normalmente, esa pequeña rutina me calmaría hasta quedarme dormida, pero hoy solo consigue ponerme más nerviosa.
Me sorprendo hiperconcentrándome en el sonido de los zapatos de Theo cada vez que camina por el apartamento cada media hora. Cuando habla por teléfono, intento distinguir las palabras, tratando de averiguar