Debe haber sentido el cambio en mi actitud, debe haber leído mis pensamientos en mi cara, porque un segundo después de que me quede congelada, se pone de pie tirando de mí con él y vuelve a besarme con la misma urgencia de antes, a pesar de mi respuesta apagada.
—Quiero que te des la vuelta —susurra contra mis labios— y te inclines.
Toma mi pausa como una oportunidad para pasar la mano por mi pecho, mi estómago; mi cuerpo traiciona a mi cerebro y se estremece bajo su toque, su palma dejando un