Christian dejó de limpiar la barra. El paño en su mano cayó sobre la madera. Sus ojos enrojecidos se clavaron en Reno con una mirada que este no pudo descifrar. Había algo allí, algo que Christian no quería pronunciar; algo que guardaba en lo más profundo de su ser.
—Solo quiero un cambio de aires —respondió Christian, intentando sonar despreocupado.
Pero Reno no le creyó. Sus ojos amables escudriñaron a Christian con una curiosidad evidente.
—Christian —lo llamó Reno en voz baja—, ¿hay algo