Anciano CorinEl Gran Salón del Consejo siempre había sido una estancia donde las sombras se sentían más densas que la piedra misma. Durante los cuatro años del mandato de facto de Elder Vane, entrar aquí implicaba sumergirse en una atmósfera asfixiante, un aire espeso saturado de paranoia, ambiciones ocultas y el olor acre del miedo contenido. Los ancianos y los señores de los clanes menores nos sentábamos en los escaños de madera de alerce con los hombros tensos, midiendo cada palabra, sabiendo que un paso en falso en el intrincado laberinto legal de Vane podía significar la confiscación de tierras, el exilio o una ejecución silenciosa en las mazmorras del ala norte.Hoy, sin embargo, el fuego que rugía en la chimenea central de basalto no parecía un enemigo al acecho, sino el guardián de una nueva era.Me acomodé las pesadas vestiduras de mi rango, alisando el paño de lana oscura con dedos que, por primera vez en cuarenta inviernos, no temblaban por la incertidumbre. La luz de la t
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