Mundo ficciónIniciar sesiónPedro
El silencio ya no pesaba como una losa de granito sobre mi pecho. Durante mil cuatrocientas sesenta noches, el despertar en la alcoba señorial de los Genaro había sido un ejercicio de supervivencia mental: abría los ojos y lo primero que me golpeaba el olfato era el olor a piedra fría, a ceniza apagada en la chimenea y a esa soledad densa, casi ácida, que la culpa destilaba en cada rincón. Era la fragancia de u







