Pedro
El silencio de las criptas de la fortaleza de los Genaro no se parecía al de ninguna otra estancia. Aquí abajo, tres pisos por debajo de las losas de granito que sostenían el Gran Salón del Consejo, el aire se movía con una lentitud de siglos, impregnado del olor a cera fría, a aceite de ballena para los candiles y al polvo seco de los pergaminos que archivaban cada nacimiento, cada guerra y cada tratado firmado por las líneas puras desde la fundación del norte. Era un espacio donde el ti