Isabella
El sonido de los escoplos golpeando la madera de alerce y el rozar de las escobas sobre las losas de granito se habían convertido en la nueva melodía de la fortaleza. Durante cuatro años, los pasillos del ala familiar habían albergado el eco marchito de la ausencia; las estancias privadas de los Alfas permanecían cerradas bajo el mandato de Vane, acumulando el polvo de los inviernos y el olor a abandono que tanto me había horrorizado a mi regreso. Pero hoy, las ventanas arqueadas estab