Pedro
El eco de los pasos de la delegación del sur resonaba en las losas del Gran Salón con la timidez de quien camina sobre una capa de hielo que amenaza con romperse a cada segundo. Observé el avance de los emisarios desde lo alto del estrado doble, manteniendo mis manos apoyadas sobre los brazos de piedra de mi trono de Alfa. El duque del sur no había venido en persona, por supuesto; había enviado a su canciller más experimentado, un hombre llamado lord Raymond, cuya túnica de seda color gra